02 junio 2015

Malinas: una ciudad muy femenina

En nuestro viaje de chicas a Flandes dedicamos una mañana a visitar la coqueta ciudad de Malinas. Así, tras tomarnos un cruasán y un café au lait en la estación Midi de Bruselas, nos subimos al tren que nos llevaría a la neerlandesa Mechelen. Flandes es ideal para un fin de semana de amigas, ya que tiene muchas ciudades preciosas y muy bien conectadas con transporte público.



El centro neurálgico de Malinas es la Grote Markt o plaza del mercado, que tal y como su nombre indica, es donde se celebra el mercado desde tiempos ancestrales. Como era sábado por la mañana, en la plaza empezaban a montarse los comercios ambulantes, justo a nuestra llegada. Nuestra primera parada fue la oficina de información, ubicada en la misma plaza del mercado. Allí pedimos consejo sobre qué podíamos visitar en tan solo una mañana, ¡y nos atendieron en castellano!



Con la información obtenida, nos dirigimos a los palacios de dos de las mujeres más importantes de Flandes y de Malinas. El Palacio de Margarita de York y el Palacio de Margarita de Austria, ubicados uno junto al otro. La corte de Saboya se instaló en este último que, además, fue el primer edificio construido en estilo renacentista de todo Flandes.



Las calles de Malinas están llenas de historia y el siguiente punto de nuestra visita nos recuerda desgraciadamente acontecimientos negros del pasado. En el antiguo cuartel de las S.S. de la ciudad se erige el museo y centro de documentación sobre el Holocausto y los Derechos Humanos. Un museo que nos recuerda que desde este punto partieron más de 25.000 judíos y gitanos belgas hacia Auschwitz.



Retomando el título, Malinas es una ciudad muy femenina porque las mujeres han tenido un papel importante en su historia. Nuestra siguiente parada la hicimos en el Gran Beguinaje o Beaterio Mayor, un entramado de callejuelas con mucho encanto donde las beguinas o beatas vivían entre los siglos XIII y XVI. Las beguinas eran mujeres adelantadas a su tiempo, ya que decidían independizarse para llevar una vida pía en convivencia con otras mujeres, se encargaban de su subsistencia y ayudaban a los más desfavorecidos.



De vuelta en la preciosa Grote Markt finalizaremos esta nuestra fugaz visita a Malinas ascendiendo a lo alto de la Torre de San Rumoldo, uno de los símbolos de la ciudad. Tras subir los quinientos escalones que llevan hasta lo más alto, pudimos acceder al «skywalk» donde disfrutamos de unas bonitas vistas panorámicas. Sin embargo, aunque la ascensión por las escaleras fue un poco complicada, el sonido de los dos carrillones repicando al unísono nos animó a seguir adelante.



Después de bajar de la torre aprovechamos para hacer algunas compras en el mercado. A esa hora ya estaba muy animado y pudimos disfrutar con las paradas de fruta, flores, ropa y gofres. Antes de tomar el tren hacia nuestro siguiente destino, paramos a comer en un bonito café-restaurante de diseño que está en esa misma plaza. El Honoloeloe tiene una amplia selección de cervezas belgas y sirve comidas ligeras. Allí nos tomamos una crema de puerros y unos moutbroot y pistolet. Todo estaba delicioso.



Aunque nos quedamos con ganas de visitarla más a fondo, Malinas colmó todas nuestras expectativas. Esperamos volver pronto.

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